Giuseppe Farina


Emilio Giuseppe Farina (Turín, Italia, 30 de octubre de 1966) fue el primer campeón del Mundial de Fórmula 1.


Inicios.Como muchos otros pilotos, su familia estaba relacionada con el mundo del motor. Era sobrino de Pinin Farina, afamado diseñador. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Farina fue uno de los pilotos italianos y europeos. Durante tres años consecutivos (1937-39) se proclamó campeón de Italia, y hasta el comienzo del conflico bélico gaó varios Prandes Premios. Durante estos primeros años pilotó un Masseratti, aunque la mayoría de sus éxitos los consiguió cuando emigró a Alfa Romeo.

Gana el primer campeonato.‘Nino’, como era conocido, era un piloto agresivo y arrogante. Sólo compitió seis temporadas en la Fórmula 1, pero su único título le convirtió para siempre en una leyenda del motor. Tras la guerra fue reclutado por Alfa Romeo para competir en el primer Mundial organizado por la FIA, siendo compañero de equipo de Juan Manuel Fangio. Sus tres victorias en el campeonato le otorgaron el triunfo final, pero su carrera comenzaría a decaer a partir de ese instante. La temporada siguiente se vio ensombrecido por su compañero de equipo y cambió de aires para recalar en Ferrari, donde nuevamente encontraría un duro competidor, Alberto Ascari. Su compatriota terminaría alzandose con el triunfo final, aunque Farina lograría terminar la temporada en segundo lugar. El resto de su carrera se desarrollaría en la escudería del ‘cavallino rampante’. En su segundo año bajo el dominio de Ascari, Farina lograría su quinto y último triunfo en la Fórmula 1, en el circuito de Nurburgring. Tras un accidente en Monza en 1954, intentó regresar a la competición, pero sus escasos resultados le hicieron tomar la decisión de retirarse en 1955.

Farina era un hombre impulsivo, con poco respeto a sus compañeros en la pista y muy propenso a los accidentes, por lo que habría que considerar casi un milagro que no perdiera la vida compitiendo si tenemos en cuenta que en aquella época eran habituales los accidentes fatales en los circuitos. En 1966 preparó su regreso a las pistas en las 500 millas de Indianápolis, pero la muerte de su compañero, mientras probaba el coche que pilotaría el italiano en la carrera, le hizo recapacitar y se retiró definitivamente del mundo de la competición.

Ironías del destino, Farina moriría diez años después en un accidente de tráfico mientras se dirigía al circuito de Reims-Gueux para presenciar el Gran Premio de Francia. Como otros tantos mitos de este deporte, la vida de Farina se terminaba sobre el asfalto.

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